Cuando llega la noche y se apagan las luces, aparece la
oscuridad en su espíritu. Y el bello rostro de Catrina deja de esconderse tras
aquello que la luna no puede ocultar por más tiempo, como si de una Cenicienta fantasmal
y trasnochada se tratase: un cuerpo destrozado por los excesos, que sigue
bailando entre tinieblas, luchando contra sí misma, con la noche como único testigo…

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